ROMANA Y VISIGODA

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1.- Al producirse la invasión de los bárbaros, en el siglo IV, desconocemos si quedaban romanos en Támara o solamente había descendientes.

De la época romana, nos quedan: unos apliques y dos bustos de bronce, Hércules y Pomona (otros dicen que Pomona es un satiriquillo, puede que se trate de Apelo). La diferencia entre ambos es más de estilo que de tamaño. Pomona o Apelo se nos muestra sujetando un fruto en la mano derecha y unos racimos en la túnica, que sostiene con la mano izquierda; asimismo se aprecian otros frutos en el cabello. Hércules es un busto con pupilas incisas, diadema, cabello modelado, y con barba.

Los bustos romanos encontrados en Támara. Están desde principios del siglo XIX en el museo Arqueológico Nacional de Madrid

Como prueba de autenticidad de estos hallazgos romanos, se muestra una carta de Pantaleón S. Casado, en relación a los bronces hallados en Támara, para solicitar el correspondiente informe.

No queda ningún otro vestigio, y tampoco se han encontrado documentos, por lo cual, ante la falta de datos, nos es fácil hacer historia

2.- De la época visigótica, tampoco quedan vestigios escritos; pero tenemos el nombre de algunos pagos -tierras de labranza- que nos indican claramente que fueron asentamientos visigóticos y cristianos. Son nombres visigodos, perpetuados hasta nuestros días, pagos asentados en el término de Támara: Bernabeto, Gondumior, Milisendra, Dñ|ª Godina, Mormú. Núcleos fundamentales del asentamiento visigótico entre los años 400 y 450.

Son puestos por Rheinhardt y después reproducidos por el Marqués de Lozoya. Entre éstos, están las localidades de Herrera, Villadiego, Clunia, Hornillos, Támara.

Sabemos que Támara era frontera con el reino de los suevos en tiempos de Eurico. Esta misma situación geográfica va a hacer que durante un periodo de 15 ó 20 años, nuestra zona va a estar entre dos pueblos: los suevos que reinaban en Galicia y los visigodos que lo hacían en Tolosa.

Probablemente a mediados del siglo V, en tiempos del suevo Rékhila (los tiempos de mayor esplendor del reino) Támara fue sueva por un tiempo aproximado a una década y con toda seguridad estuvo envuelta en los vaivenes políticos de los dos reinos, como parece indicar la crónica de Indacio donde nos transmite la noticia de episodios violentos en toda esta zona.

Desde el 448 es seguro que Támara deja de ser sueva para pasar en pleno derecho al reino de Tolosa y como tal la veremos en el 476, cuando Eurico promulgó su famoso cuerpo de leyes “Código de Eurico”.

Entre los siglos V y VII, ya morando en el pueblo, ya al amparo del Monasterio o Abadía, vivieron, además de los militares, tres clases de personas:

Los Libres: Artesanos, comerciantes, labradores, profesiones liberales. Eran Los “posesores”. Labraban sus tierras y pagaban sus tributos.

Los “Privati”: Estaban bajo la protección de una entidad superior, trabajando para los “potenti”. Sobre ellos ejercía la protección, en este caso: la Abadía, la Iglesia o el Ejército.

Los esclavos y equiparados a ellos.

Dos últimas cuestiones nos quedan por tratar: la de la demografía de este tiempo en Támara y si esta localidad era ya villa.

1.- El recinto amurallado de la actual villa es del siglo XI, y el hecho de que entonces fuese un “castrum” suponía una defensa en torno a él. Esta defensa habría sido antes, probablemente, otra muralla de la cual no quedan vestigios; pero todos los indicios nos hacen sospechar que la muralla que hoy existe se construyó sobre las defensas anteriores; y que el circuito actual del municipio coincide, en extensión, con el que tuvo en épocas muy pretéritas.

2.- El nombre de villa es de origen romano o celta, una agrupación de patrimonios o “porciones” de explotación agrícola; cuyo conjunto la daba lugar.

La villa tenía un modo de explotación agrícola muy claro: todo dependía de quién era el “el señor”. Si éste era el rey, la villa era de realengo; la villa era de señorío, si era un señor; si era de una abadía u otra institución eclesiástica, la villa era de abadengo.

Por lo que sabemos, Támara siempre fue villa de realengo, lo cual suponía que, además del Monasterio, hubiese una serie de familias campesinas que cultivasen sus parcelas, y esto daba lugar a lo que después sería el consejo

De esta época romano-visigótica, datan las primeras noticias sobre un monasterio dedicado a San Miguel en Támara; y, curiosamente, se habla de “abadía”

Estas y otras localidades desarrollaron luego un papel importante en la historia de Castilla la Vieja