ARABE Y DESPOBLADA

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¿Se puede hablar de una Támara despoblada? Muchos de los historiadores, sobre todo a partir de Claudio Sánchez Albornoz, son unánimes al señalar que, desde la parte norte de la cuenca del Duero hasta Cantabria y Picos de Europa, todo fue abandonado y se convirtió en tierra de nadie desde el año 711, con la invasión de los árabes y la caída del reino visigodo. Por tanto, zona despoblada desde el siglo VIII hasta la segunda mitad del siglo IX, y, a partir de esta fecha, habría de nuevo una repoblación de los terrenos abandonados.

Durante los siglos VII al IX, en sus primeras décadas, se fueron despoblando paulatinamente las comarcas situadas entre el Duero y los montes Torozos y del Cerrato. Las gentes huían de aquel país maldito, devastado alternativamente por sarracenos y cristianos. Una a una, se fueron arruinando todas las villas, aldeas o ciudades que en aquellas tierras se alzaban hasta entonces. En la segunda mitad del siglo IX, fue preciso colonizar de nuevo la meseta. Ordoño II y Alfonso el Magno, primero, y sus hijos y nietos, después, hubieron de realizar un gran esfuerzo, para volver a la vida la extensa zona”1. 1 Sánchez Albornoz, “Estudios sobre las instituciones medievales”, las Behetrías

 

En el caso de Támara, cabe pensar que no hubo excepción, que el antiguo asentamiento visigótico desapareció ante la presión musulmana y que, por lo tanto, corrió la misma suerte que los diversos asentamientos de la meseta castellana.

Parece que durante siglo y medio Támara estuvo reducida a un montón de ruinas visigodas. que no fueron ni árabes ni cristianas. Su repoblación parece ser que se hizo hacia últimos del siglo IX o principios del X, y por uno de los métodos clásicos de repoblación. En este caso, a través del monasterio de San Miguel.

La manera concreta de repoblación a través de un monasterio solía ser la siguiente: Esta institución tenía, por lo regular, muchos colonos y siervos; disponían de instrumentos para la explotación del terreno y podían ocupar extensos territorios, originando así grandes propiedades. Parece que éste fue el medio que le tocó en suerte a Támara

En fecha incierta, el mismo Fernán González funda en Támara el Barrio de la Serna, donde hizo buenas aquellas palabras del romance: “los que yo me hube ganado poblelos de labradores. Quien no tenia mas que un buey, dábale otro, eran dos. Al que casaba su hija, doile yo muy rico don. Al que faltaban dineros se los presto yo…”, lo curioso es que este barrio se acoge a la protección de la abadía de San Miguel: “Cada día que amanece, por mí hacen oración, no lo hacían por el Rey, que no lo merece non, él les puso muchos pechos y quitaraselos yo“.

Su hijo, Garcí Fernández, conde de Castilla, y su mujer Aba, también harán guiños a Támara; según Argaiz, da el monasterio de San Miguel de Támara a San Pedro de Cardeña, y Pérez de Urbel recoge esta misma nota en su obra “El condado de Castilla”, pero esto nos resulta difícil de aceptar. Más bien, creemos que el conde de Castilla no pretendía dar el monasterio a Cardeña, porque ni era de él, ni estaba en su territorio, ya que estaba fuera de su condado. En aquella fecha el monasterio era independiente.