La «Moza» de Campos

Home La «Moza» de Campos


En los siglos XVII y XVIII en España se tuvo la costumbre de dar un sobrenombre a ciertos monumentos artísticos, que eran verdaderamente importantes, con el ánimo de darlos a conocer aumentando su popularidad. Todos conocemos el nombre de la torre más famosa de España, la Giralda de Sevilla; pero, por ceñirnos a ejemplos mucho más próximos, podemos citar, entre otras, a la «Pulcra Leonina» (Catedral de León); a la «Bella desconocida o perla escondida» (Catedral de Palencia) a el «Pajarón de Campos» (Iglesia de Amusco); a «las Reinas Moras» (las dos torres de Alaejos); a la «Moza de Medina» (Iglesia de Matapozuelos), etc.
Al hablar de la «Moza de Campos», estamos hablando de nuestra torre, y directamente de ella, pues la Iglesia merece otro calificativo: «Una de las cien catedrales de España», pues ya quisieran tener muchas diócesis del Norte y del Sur, del Este y del Oeste, por catedral de su Iglesia Diocesana, a la Iglesia de Támara.
Al dar este nombre u otro parecido a un determinado monumento, la gente que puso el adjetivo calificativo, no lo hizo tratando de entrar en un litigio de belleza o un concurso de los que ahora sobreabundan en nuestra existencia cotidiana: «La maja de tal, la más guapa de cual, la reina de no sé donde…».Lo que realmente pretendían era remarcar la belleza, allí donde estaba, sin ánimo de comparar con nada, ni menos desmerecer otras obras, que junto a ellas brillaban con esplendor propio. Lo que más pretendían, a nuestro entender, era resaltar la armonía que brillaba en la obra de arte, y al encontrarla armónica, bella de trazo, equilibrada en medidas, talla perfecta de la piedra, y esbeltez del monumento, la calificaban con un signo de admiración. En nuestro caso «La Moza de Campos».
Esta torre fue imaginada entre el Cabildo y Domingo de Cerecedo que, por aquellos años, estaban muy preocupados de la obra de la sacristía nueva; ellos trazaron la obra con el acuerdo de Sigüenza, arquitecto o maestro albañil de Carrión. Eso impidió su realización, resultando un aplazamiento, ya que las preocupaciones entre los gestantes eran cuestión de estar de acuerdo a la hora de la paga o del cobro, de lo que se adeudaba de la obra de la Sacristía.
Le pasaron la obra de la torre a Diego de Cabárceno (que en ese tiempo estaba haciendo la Espadaña y la obra de Rombrada) y a Fernando de Liaño, (que estaba reconstruyendo la Espadaña de la Iglesia románica del Castillo; los dos, maestros de cantería muy conocidos en Támara); y quitan a Alonso de Santiago (que realizaba en esos días el apostolado y grequería del coro), y también a Juan de la Lastra, y el día 22 de julio del año de 1605, fiesta de la Magdalena, retoca todo lo hecho por Domingo de Cerecedo, de cara a los cimientos, y abre nuevas zanjas para cimentar a la Torre. F. 397. La Moza de Campos había comenzado a nacer.
Según estos datos nuestra torre está a punto de cumplir los cuatrocientos y pico años, y la verdad es que bastante bien llevados; una depilación de musgos y líquenes, un retoque a las piedras, un revoque en determinadas partes donde la piedra ha desaparecido, junto con unas buenas campanas, por pendientes, y un reloj a modo de camafeo o aderezo en su pecho y nuestra dama brillaría de nuevo con todos los esplendores de la juventud.
Hemos afirmado que comenzó a nacer el día de la Magdalena, y la cortaron el cordón umbilical, el día que se colocó la veleta y la cruz de remate de la torre, obra de Mancio de Palacios en el 1620, si bien antes, la obra de cantería ya se había terminado en el año 1614 y en el 1615 se colocaron las estatuas de San Pedro y San Pablo. Eso sí, nada más nacer fue bañada en vino (se puede decir que el 75% del costo de la obra de pago en vino) para que el alcohol y el tanino se entremezclara en sus piedras y presentase al mundo la pátina actual.
En el año 1636 se acabó de pagar todo lo que se le debía a Juan de la Lastra; su finiquito está en ese año en el F. 75: «con esta partida se acabó de pagar lo que se le debía a Juan de la Lastra de la manufactura de la Torre»
Esta Joya del arte universal está recién restaurada al igual que la iglesia y sus alrededores.