En Támara se hicieron las paces entre un rey castellano – leonés y un rey aragonés, y fueron sellados aquí en junio del año 1127
En el 1126 muere Urraca en Saldaña y, dos días después de su muerte, su hijo Alfonso VII entra como rey en León (10 de marzo de 1126) y, un año más tarde, el 7 de julio de 1127, se presenta en Támara con un potente ejército ante su tío y padrastro, Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, para exigirle las plazas que había retenido, desde su minoría de edad, de los reinos de Castilla y León.
En este pacto firmado por ambos, se reconocía la soberanía de Alfonso I el Batallador sobre Vizcaya, Álava, Guipúzcoa, Belorado, La Bureba, Soria, San Esteban de Gormaz y La Rioja. Además, Alfonso I el Batallador, renunciaba al título de emperador y cedía algunas plazas fronterizas.
Según Antonio Ubieto Arteta (1981):
” por las paces de Támara, en las que actuaron de mediadores Gastón IV de Bearne y Céntulo II de Bigorra, el Batallador se comprometió a devolver las plazas en las que Alfonso VII tenía derecho hereditario.
De este modo, a partir de 1127, los enclaves de Frías, Pancorbo, Briviesca, Villafranca de Montes de Oca, Burgos, Santiuste, Sigüenza y Medinaceli pasarían a Alfonso VII de León.
Quedarían en manos del aragonés: Belorado y Nájera, con la Sierra de la Demanda como frontera natural entre los dos reinos en esta zona.
Al Este, Alfonso I de Aragón conservaría Calahorra y Cervera del Río Alhama; también Ágreda, Almazán y Monreal de Ariza, que fueron fortificadas a partir de 1128 por el rey de Aragón, a consecuencia del resultado de este tratado. Soria fue la tenencia más importante de esta zona; había sido repoblada por el Batallador en 1119-1120 y estuvo a cargo de un teniente aragonés, de 1127 a 1135.
El enclave más alejado en la Extremadura aragonesa, fue San Esteban de Gormaz, también encargada a un teniente aragonés desde 1128. Para asegurar estas plazas, Alfonso I comenzó a repoblar Almazán antes de agosto de 1128, población a la que Alfonso I llamaba Plasencia, y Monreal de Ariza. Más al sur, los límites de Aragón los marcaban las plazas fuertes de Traíd y Molina de Aragón, en la actual provincia de Guadalajara
En la reunión, no solamente estuvieron los reyes y los ejércitos; también los nobles y los obispos, y entre ellos Gelmírez y el arzobispo de Toledo; todos ellos aconsejaron al aragonés que depusiera su belicosa actitud, devolviera las plazas retenidas y reconociese en Alfonso VII la dignidad imperial.
En el transcurso de 90 años, Támara había sido testigo de:
1º una lucha y enfrentamiento de dos grandes ejércitos: Castilla y León.
2º caída de un reino, León, y muerte de un rey, Bermudo III.
3º apogeo de un reino, Castilla, y proclamación de un rey, Fernando I.
4º unión de dos reinos: Castilla y León.
5º invasión de sus tierras y de toda la tierra de Campos, por los ejércitos del rey aragonés.
6º como toda la zona, sufrir y aguantar las veleidades de la reina Urraca.
7º acoger dentro de sus muros al rey de Castilla y León, por un lado, y al de Aragón, por otro; cada uno con su cohorte de caballeros, obispos y ejércitos.
8º la firma de un pacto entre dos monarcas.
9º consolidar la reciente unión de dos reinos: Castilla y León.
10º proclamación de un emperador: Alfonso VII.
Todo lo reseñado da a entender que Támara puede estar orgullosa de tener un puesto preeminente en la historia de España, como la tienen otras ciudades y pueblos de Castilla y León (Zamora, Palencia, Carrión de los Condes, Monzón, Saldaña, Sahagún, etc